miércoles, 30 de agosto de 2017

UN VERANO HISTÓRICO


No es que me haya ocurrido nada especial que vaya a recordar durante toda mi vida, no. El título de la entrada es engañoso, lo sé. En realidad, a lo que me refiero con el mismo es a que este verano he podido disfrutar de una de mis aficiones, la historia, en diferentes formatos. Os cuento.

En primer lugar, un maravilloso viaje que hice junto con mi familia a finales del mes de julio, que me llevó a disfrutar de varios lugares extraordinarios y que yo todavía no conocía. Sitios inolvidables que forman parte de la historia de nuestra país: el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el palacio de la Granja de San Ildefonso, Segovia, Ávila, el Valle de los Caídos... Visitar todos esos monumentos fue un verdadero placer para mí. Y como soy bastante inquieto y me gusta conocer datos y detalles sobre los lugares que visito, fue la excusa perfecta para buscar información por Internet sobre ellos, adquirir folletos explicativos... En fin, ¡todo un viajazo histórico!

En segundo lugar, la lectura, otro de mis pasatiempos preferido. El verano es la época del año en la que más tiempo tengo para leer y, en esta ocasión, muchos de los libros que he elegido han estado relacionados con la historia. 


Aunque no se puede observar en la imagen, se trata además (especialmente los dos primeros) de libros voluminosos, que rondan las 1.000 páginas. En cualquier caso... ¡todo un placer leerlos!

Y, por último, gracias al descubrimiento de una serie de podcast fantásticos, MEMORIAS DE UN TAMBOR, de los cuales ya he oído 6 capítulos. Es cierto que, en general, son bastante largos y que se necesita tiempo y tranquilidad para oírlos, pero merecen la pena, sin duda. Yo empecé por oír, precisamente, uno que habla de la construcción de El Escorial, justo después de mi visita a este impresionante lugar. Y me gustó tanto, aprendí tantas cosas que no sabía, que aproveché cualquier ocasión que tenía para seguir oyendo nuevos programas... ¡y ya van 6!

No sé qué me depararán próximos veranos. Desde luego, este lo he disfrutado mucho.


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martes, 29 de agosto de 2017

EL COMPLEJO MUNDO DE LAS RELACIONES

                                                    * Procedencia de la imagen

Las relaciones interpersonales son complicadas. No descubro nada nuevo con esta afirmación, seguro. Y si añado que la convivencia todavía lo es más, tampoco aporto novedad alguna. En cualquier ámbito, sin excepciones: matrimonio, trabajo, familia, amigos… Estas vacaciones recién terminadas han estado marcadas de un modo significativo para mí por las relaciones, tanto mías personales como de mis allegados, lo cual me ha animado a hacer esta reflexión.

Hay un aspecto íntimamente relacionado con toda relación: el conflicto. El conflicto es algo inherente a las relaciones. Inevitablemente, antes o después aparecerá. Resulta imposible esquivarlo, pero lo importante no es eso, sino aprender a resolverlo. Incluso puede ser constructivo y positivo si se concluye de tal forma que ninguna de las partes implicadas se perciba a sí misma como perdedora.

Por mi experiencia, tanto a nivel personal como profesional, la mayoría de los conflictos suelen surgir por malos entendidos y como consecuencia de la falta de diálogo. Y, precisamente, la causa nos podría servir también como solución. Es necesario dialogar para encontrar un punto de encuentro que nos ayude a dar por terminado el problema. Hay que hablar con claridad, pero también con educación y respeto. Y tan importante resulta esto como saber escuchar al otro, sin interrumpirle, dejando que termine sus argumentaciones, poniéndose en su lugar y haciendo un esfuerzo por comprender su punto de vista. Recomendación: no habléis nunca “en caliente”, dejad que pase un tiempo para que se enfríen vuestros ánimos, porque de lo contrario, solemos decir cosas de las que luego nos arrepentimos.

Las relaciones entre adultos son complicadas porque entran en juego factores como el rencor,  el orgullo o la intransigencia, enemigos fatales a la hora de resolver un conflicto pacíficamente. Esto no sucede cuando los problemas se dan entre niños.  Aun a riesgo de que se me etiquete de machista, me parece que los chicos son bastante más simples que las chicas en sus relaciones, pero esto sería tema de otra reflexión y no voy a profundizar ahora en ello. Sin embargo, y esto lo he podido comprobar tanto a nivel personal como en la escuela, las cosas se complican siempre cuando los mayores interfieren en las relaciones de sus hijos. No somos conscientes del perjuicio que solemos generar y de las dificultades que añadimos cuando, inevitablemente, nos ponemos de parte de nuestros hijos de un modo tajante y creyendo "a pies juntillas" su versión de los hechos. 

Y aunque estos conflictos nos provoquen la tentación de abandonarlo todo e irnos a vivir como ermitaños en una montaña, para bien o para mal, los humanos somos seres sociales. Nos necesitamos los unos a los otros, incluso me atrevo a decir que nos queremos (a unos más que a otros, también es cierto…). En fin… ¡cuidad vuestras relaciones y sed felices!


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jueves, 22 de junio de 2017

LA VIDA TE DA LECCIONES (lecciones te da la vida)

                                                     * Procedencia de la imagen

Soy un absoluto defensor del "longlife learning", es decir, aprendizaje permanente a lo largo de tu vida. Todos los años, voluntariamente, realizo varias actividades formativas relacionadas con mi profesión. Y desde hace también un par de años estoy ampliando mi competencia en idiomas. Me gusta estudiar y disfruto aprendiendo. Sin embargo, las lecciones más importantes pueden producirse cuando menos te lo esperas y por los medios más insospechados. Es lo que me ha sucedido a mí recientemente... 

La situación es la siguiente. A raíz de un artículo mío publicado en diversos medios de comunicación digitales hubo una persona que se dedicó de manera inmediata a hacer política del único modo que sabe: sembrando cizaña y descalificando. Para ello citó unas palabras mías de hace más de dos años, publicadas en otro medio digital con el que colaboré durante un  tiempo, las cuales fueron (como poco) desafortunadas y desacertadas. Las circunstancias han cambiado desde aquella época, personalmente mi situación es distinta y mi pensamiento ha evolucionado. Lo que dije en aquel momento acerca de una persona determinada estaba basado en una serie de prejuicios sin contrastar (¡con lo que critico yo ahora precisamente eso!). En este tiempo he tenido la oportunidad de conocer y tratar a esta persona y tengo que decir que mi opinión actual no tiene nada que ver con aquellas palabras groseras y ofensivas.  Pero no puedo eliminar lo escrito...

Pues bien. Este compañero (no me atrevo siquiera a llamarle "amigo" porque no le llego ni a la suela de sus zapatos) se puso en contacto conmigo, pero no para pedirme explicaciones por ello, como temí yo en el momento en que recibí la llamada. Ni siquiera nombró el hecho y cuando yo quise traerlo a colación le quitó hierro, no le dio ninguna importancia e incluso lo disculpó con un aplomo y una serenidad envidiables. Me sentí aliviado, pero sobre todo, agradecido tras esos minutos de conversación.

Escribiendo este post, he tenido dudas sobre si nombrarle o no. Finalmente he decidido no hacerlo por no echar más leña al fuego y porque creo que no querría, pero estoy seguro de que, si lo lee, sabrá que me estoy refiriendo a él. Sin pretenderlo, me dio toda una lección de humildad y de elegancia. Reconocí en su modo de tratarme toda una serie de valores humanos que ya quisiera yo para mí y que, desde luego, nunca olvidaré. Ojalá, algún día, pueda adquirir yo esa capacidad para el perdón y su facilidad para tratar al prójimo sin rencor. Lo único que me queda por decirle es... ¡gracias! Por esto y (volviendo al "longlife learning") por demostrarme que me queda muuuuucho por aprender en mi vida. Parafraseando (con una ligera variación) la estrofa final de la famosa canción de Rubén Blades... la vida te da lecciones, lecciones te da la vida. Y conviene no olvidarlas.



PD: Por cierto, "estimado" P.G.G. Si lo que querías era crear conflicto entre nosotros... lo siento. No lo has conseguido.


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miércoles, 31 de mayo de 2017

PRIMARIAS

                                                          * Procedencia de la imagen

A falta de elecciones generales (o locales o autonómicas, lo mismo me da) este año 2017 nos tiene de lo más entretenido con las primarias de los diferentes partidos. Primero fuimos Ciudadanos, con un proceso modélico (que no inmejorable...) quienes renovamos la confianza depositada en Albert Rivera para dirigir el partido. Luego Podemos montó el circo mediático al que nos tienen acostumbrados para dirimir una batalla fratricida entre dos de sus principales dirigentes. Pero el culmen a todo esto han sido las primarias para elegir al nuevo secretario general del Partido Socialista...

Sin duda, la victoria de Pedro Sánchez ha sido significativa y, para muchos, sorprendente, pero lo más notorio para mí ha sido el ambiente de guerra vivido durante toda la campaña. ¡Qué clima de hostilidad! ¡Qué agresividad verbal! Menos mal que no soy militante socialista, porque, sinceramente, aunque me ha divertido (por el morbo y tal), la verdad es que no me gusta ese estilo de actuar.

Cuando veo que un candidato, sea de lo que sea, intenta conseguir votos usando como técnica principal la descalificación al rival, el insulto personal y el descrédito del otro candidato, lo primero que me viene a la mente es la falta de ideas y propuestas que tiene que ofrecer al resto de afiliados. Porque, vamos a ver, cuando uno tiene un proyecto sólido, plagado de ideas y propuestas estudiadas y convincentes... ¿qué necesidad tiene de usar esas técnicas barriobajeras? 

En segundo lugar, me hace pensar que lo que le mueve a presentar su candidatura no es una voluntad de servicio sincera y desinteresada, sino un interés personal desmesurado que le lleva a perder las buenas formas y hacer lo que sea por tal de conseguir el anhelado cargo. Incluso, como se ha visto en esta campaña, a usar procedimientos éticamente reprobables.

Y, ya para terminar, lo más lamentable de todo esto… ¡es que se trata de compañeros del mismo partido! Y, a fin de cuentas, cuando terminan estos procesos, son ellos los que sufren las consecuencias de este tipo de praxis. ¿Qué ambiente puede quedar en un partido en el que han estado insultándose unos a otros durante semanas? ¿Es posible trabajar con compañeros que han intentado desprestigiarse? Es una verdadera lástima que ciudadanos que se afilian a un partido con la ilusión de hacer algo útil por su país se vean envueltos en luchas intestinas por culpa de unos modos muy censurables de conseguir una cuota de poder.

Afortunadamente, creo que cada vez hay más gente que, como yo, rechaza este tipo de comportamientos hostiles, impropios de personas que quieren (o, al menos, eso dicen) trabajar para mejorar la sociedad en la que vivimos. Estoy convencido de que, antes o después, recibirán su justo castigo en forma de derrota en las urnas. Porque los ciudadanos no somos tontos y sabemos lo que queremos. Y lo que queremos es desterrar los malos modos de la política para dar paso a una nueva etapa en la que reine la cordialidad, el entendimiento y los programas se basen en ideas y propuestas para ganar votos, y no en insultos y descalificaciones para "robárselos" al otro. No todo vale. Y ya lo estamos comprobando...

PD: En la agrupación local de mi partido, Cs Alcoy, también hemos tenido primarias recientemente para renovar la junta directiva. Pero eso será tema para otro post...



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lunes, 15 de mayo de 2017

¿MERECE LA PENA DEBATIR SOBRE POLÍTICA?

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No sé si os pasa igual que a mí, pero de un tiempo a esta parte me resulta muy poco productivo debatir sobre cuestiones políticas con casi nadie. Citando al filósofo José Antonio Marina  (consultar aquí artículo):
"Los debates políticos suelen ser con frecuencia monólogos enfrentados. O sea, no debates. Nadie convence a nadie. En un libro recientemente traducido, antiguo pero muy actual ('Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores', Capitán Swing, 2016), George Lakoff muestra algo que estudios más recientes han confirmado: las posiciones políticas suelen obedecer a motivos no racionales. Son preferencias emocionales, incluso caracterológicas, que luego buscan justificación. Resultan invulnerables a la crítica porque solo perciben los datos o los argumentos que las favorecen. Se trata de un conocido proceso de autodefensa que genera mecanismos de inmunización cognitiva. Todos podemos caer en ellos..."

Pensad por un momento en lo que sucede en las tertulias políticas que vemos en televisión. ¿No os da la sensación de que nadie escucha a nadie? En realidad, si conoces mínimamente a los contertulios, sus opiniones son previsibles de antemano y lo que podría ser un enriquecedor intercambio de opiniones se convierte, en el mejor de los casos, en un diálogo de sordos, cuando no en una insufrible permuta de insultos y descalificaciones. 

Yo lo vivo en primera persona cada vez que comparto algún artículo de opinión (mío o ajeno) con mis amigos para que lo lean. Da igual cual sea el tema. Inevitablemente, cada individuo se posiciona en una creencia predeterminada según sea su ideología y defiende a capa y espada, generalmente con argumentos más emocionales que racionales, su opinión. No importa que aportes datos y cifras objetivas. De un modo u otro terminan despreciando (o, directamente, ignorando cuando no les convienen) tus aportaciones para justificar su punto de vista. Y nadie cede...

Me pregunto si ellos me percibirán a mí del mismo modo. Francamente, no me gustaría. Obviamente, tengo mis ideas y creencias políticas pero, al situarse estas en el centrismo, quiero pensar que no son inamovibles, sino que soy permeable al análisis objetivo de datos, a las opiniones razonadas y argumentadas de aquellos con quien debato... Gusto de la ecuanimidad y huyo de prejuicios. O, al menos, eso creo. Por eso me afilié hace ya un año a un partido, Ciudadanos, que comparte esos mismos criterios. Vivo ese ambiente en mi agrupación y lo percibo en la forma de actuar del partido cuando leo noticias en las que somos protagonistas. Es nuestra forma de ver la política y estoy seguro de que, poco a poco, cada vez más gente, harta de enfrentamientos y del clima de hostilidad que envuelve a otros partidos, comparte esta visión con nosotros.

Por mi parte, aunque tengo la tentación de no compartir más mis reflexiones, voy a seguir publicando estos artículos de opinión en mis redes sociales (si no, ¿para qué los escribo?). Aceptar las críticas nos ayuda a todos a crecer como personas y, si me demuestran que mis puntos de vista están equivocados, no me importa rectificar mi opinión y reconocer mi error. 

Ya para terminar, quería compartir con todos una infografía que encontré el otro día por la red que me pareció muy didáctica respecto a cómo debe afrontarse un debate. Su lectura me hizo reflexionar y, desde luego, la próxima vez que alguien quiera discutir conmigo sobre alguna cuestión política, lo voy a tener muy en cuenta.


Recomiendo a todos su uso. Sin duda, de hacerlo así, el debate político tendría otro talante mucho más constructivo.

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jueves, 11 de mayo de 2017

EDUCACIÓN vs. SANIDAD

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Ante la nueva polémica suscitada por la supresión de conciertos en varios centros educativos de nuestra comunidad, y en respuesta a la pregunta realizada por Mercedes Ventura, portavoz adjunta de Ciudadanos en el pasado pleno de las Cortes Valencianas, el "Conseller d'Educació" Vicent Marzá trató de justificar una actuación de claro carácter ideológico mediante una analogía entre los sistemas educativo y sanitario, como podemos leer en la siguiente noticia.  Curiosamente, días, antes yo ya había leído unas declaraciones de Mónica Oltra en las que también aparecía la misma comparación:
"Traslademos este tema a la Sanidad por ejemplo. Imaginemos que una persona ha de recibir un tratamiento que la Sanidad pública ofrece pero esa persona quiere que se le administre en un centro privado por las cuestiones que fuese. Y como ese hospital le gusta, exige a la Generalitat que firme un concierto para poder ir. Suena evidente, ¿verdad? Esa persona podrá ir al centro privado, claro que sí, pero como la Sanidad pública lo ofrece, pues tendrá que pagárselo de su bolsillo porque es su elección rechazar la pública y optar por la privada".
O Marzá sigue ciegamente "la voz de su ama" o se trata de un discurso prefabricado por el aparato de Compromís y repetido por todos los cargos del partido. Reconozco que es un argumento "resultón", convincente en una lectura rápida. Ahora bien, si reflexionamos un poco, veremos que es un razonamiento con trampa, simplista, burdo y que se desmorona como un castillo de naipes. Veámoslo.

Es innegable que se trata de dos servicios básicos y fundamentales para todos los seres humanos. Tanto la salud como la educación aparecen siempre entre las máximas prioridades de cualquiera a quien le preguntes, pero muestran algunas diferencias implícitas en su propia naturaleza. Para empezar, la educación conlleva una obligatoriedad  hasta, como mínimo, los 16 años, debiendo acudir a las aulas a diario; mientras que la asistencia sanitaria, aunque dura toda nuestra vida, solamente se recibe puntualmente, en caso de necesidad. En la mayoría de los casos, además, para tratar enfermedades, digámoslo así, comunes (como resfriados) por lo que no hay ninguna necesidad de acudir a una clínica privada para su tratamiento. Traigo esto a colación porque, tal y como plantean su defensa el binomio Oltra-Marzá, parece que no haya diferencias entre la sanidad pública y la privada (lo cual desconozco), y aprovechan para extrapolarlo al otro servicio, la educación. Sin embargo, mal que les pese a algunos reconocerlo, sí existen diferencias importantes entre los centros concertados y los públicos, como, por ejemplo, la interinidad del profesorado en estos últimos, las dificultades para implicar docentes en proyectos a largo plazo como consecuencia de la movilidad de los mismos, la enseñanza de la religión, la implicación de las familias... entre otras cuestiones más o menos significativas en algunos casos, pero que provocan que, aun hablando de un mismo servicio, presenten características que los hacen distintos.

Y esta diferencia es fundamental para introducir un segundo punto aspecto en el debate. La Constitución española garantiza ambos derechos, pero con un matiz fundamental para el tema que nos ocupa: mientras que en el artículo 27 (sobre educación) reconoce el derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa que esté de acuerdo con sus propias convicciones, imponiendo en el mismo artículo, además, a los poderes públicos el mandato de ayudar a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca, no hay ningún apartado en el artículo 43 (sobre sanidad) en el que se regule que haya que financiar la sanidad privada. Por tanto, dado que nos encontramos ante situaciones legales diferentes, la comparación ya pierde gran parte de su sentido.

Y por último, está la cuestión económica, que yo creo que es donde más empeño ponen Oltra y Marzá para tocar la sensibilidad de la ciudadanía. Al respecto, lo primero que hay que señalar es que en el sistema sanitario español, aunque sí existe en la actualidad un régimen de conciertos, se trata de algo poco generalizado y menos conocido por la sociedad en general (de hecho, me pregunto si nuestros gobernantes autonómicos eran conscientes de ello cuando hicieron estas declaraciones... de ser así, ¿qué sentido tienen sus palabras?). Nunca se habla de ello, aunque me consta que también hay intenciones de eliminarlos. Sin embargo, nuestro sistema educativo goza de un amplio abanico de escuelas concertadas con gran demanda por parte de los españoles, con lo cual, su mantenimiento no aumenta los actuales presupuestos de ninguna administración. Por otra parte, tal y como plantean la analogía los representantes de nuestro gobierno autonómico, sugieren que suprimiendo los conciertos se reducirá el gasto, pues, según ellos, eliminas duplicidades. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Todos los estudios serios realizados (especial énfasis en la palabra "serios") concluyen que el gasto por alumno es bastante mayor en la escuela pública que en la concertada, aunque difieren en la cantidad. Eliminando conciertos no solamente no reduces el gasto, sino que lo aumentas, ya que ese alumnado dejará de estar escolarizado en un centro para estarlo en otro. 

Dicho esto, me gustaría que, tanto el conseller Marzà como la vicepresidenta Oltra sean valientes y reconozcan que los verdaderos y únicos motivos que tienen para suprimir conciertos son ideológicos. No pasa nada. Están en su derecho. Y, ya de paso, que se pregunten por qué hay gente que, teniendo una escuela pública cerca, prefiere escolarizar a sus hijos en una concertada. Si lo que pretenden es mejorar la calidad de la primera, sin duda, dar con la respuesta a esta cuestión sería un paso importante para conseguirlo.


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lunes, 8 de mayo de 2017

CON EL DINERO DE MIS IMPUESTOS...

                                                     * Procedencia de la imagen

Año tras año, a estas alturas de curso, coincidiendo con el periodo de matriculación en los colegios, se reabre el debate sobre la escuela concertada. Controversia avivada últimamente en la Comunidad Valenciana por las polémicas decisiones del “conseller d'educació” Vicent Marzà al respecto. Y, también inevitablemente, una y otra vez se utiliza el mismo razonamiento para atacar a la escuela concertada (que no para defender las muchas virtudes de la pública): "El dinero de mis impuestos para la enseñanza pública. El que quiera enseñanza privada, que se la pague". Personalmente, me parece un argumento demasiado simplista, incluso me atrevería a decir que roza lo pueril. Pero, sobre todo, creo que es fácilmente rebatible, lo cual voy a intentar hacer basándome en tres aspectos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que pagar impuestos es una obligación de todo ciudadano, pero que ello no implica que nos dé derecho a solicitar “inversiones a la carta”. De ser así, las personas cuyos hijos ya no están en edad escolar, o todas aquellas que, sencillamente, no tengan descendencia, también podrían protestar por el hecho de que con sus impuestos se sufrague la escuela pública. Pongo otro ejemplo. Afortunadamente, no voy al médico desde hace unos cuantos años y, como yo, hay un buen número de ciudadanos. Sin duda, es un servicio necesario, pero viendo la parte de mis impuestos que se destinan a la Seguridad Social, a mí me resulta carísimo. Sin embargo, ni yo ni nadie cuestionamos esta partida de dinero público. Un ejemplo más. No voy al fútbol ni mis hijas juegan en ninguno de los clubes deportivos locales, los cuales son entidades privadas que reciben subvención del ayuntamiento. ¿Debo pedir por ello que se supriman dichas ayudas económicas? Y por último, ¿qué hay de las festividades locales (como carnavales o procesiones de Semana Santa) en las que no participo ni como espectador? Creo que hay que ser solidario y comprensivo, comprender que las personas somos muy diversas, y que la obligación de todo gobierno es intentar satisfacer las necesidades de todos. 

Un segundo aspecto que me parece importante que se tenga en cuenta es que este dinero de nuestros impuestos está destinado a garantizar uno de los derechos fundamentales que recoge la Constitución Española en su artículo 27, como es la libertad de elección. Sucede lo mismo con otros derechos básicos. También las diferentes administraciones públicas destinan parte de nuestros impuestos a subvencionar la adquisición de una primera vivienda y no se cuestiona esta iniciativa, ni siquiera por parte de aquellos que nunca han adquirido una casa de protección oficial. Por otra parte, es importantísimo que no se nos imponga un único modelo de educación, del mismo modo que no nos gustaría que se nos impusiera votar a un único partido político, (los cuales, dicho sea de paso, también reciben subvenciones del estado) o una única religión.

Y, por último, está el tema, nada baladí, del coste que tiene por alumno un modelo de educación y otro. Según esta noticia (que he contrastado con otros informes y estudios, todos con idénticas conclusiones) el gasto por alumno que supone para el estado uno en una escuela pública es prácticamente el doble que en un centro concertado. Por tanto, suprimir esta para redirigir a todos los estudiantes a un modelo público supondría tener que aumentar considerablemente el presupuesto en educación. Además, hay que tener en cuenta que no hay, en la actualidad, suficientes plazas públicas para todos, con lo cual, de optar por esta drástica solución, sería necesario construir nuevos centros, con la inversión que ello supondría. Sabiendo que esta cantidad de dinero tienen que salir de las arcas públicas y que estas se llenan con el dinero de nuestros impuestos, ¿cuántos de vosotros estaríais dispuestos a que el gobierno os los suba para sufragar estos gastos? Habiendo una alternativa que ya existe, tiene demanda y funciona bien, creo que la respuesta es obvia.


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